Basílica de San José de Flores

Desde 2013 a nuestros dias el templo ha tomado mucho protagonismoturístico ya que fue la iglesia de la infancia y adolescencia del Papa Francisco.


El dueño de las tierras de lo que hoy es el Barrio de Flores fue Don Juan Diego Flores, quien al morir en 1801, las dejó en herencia a su hijo adoptivo Ramón Francisco, y éste en el año 1805, siguiendo el consejo de su administrador Antonio Millán, decidió fraccionar la parte central de su propiedad, la cual era atravesada por el camino Real, actual avenida Rivadavia, en pequeños lotes. En la misma época el obispo Benito Lué y Riega realizaba una visita pastoral por la campaña, comprobando la falta de asistencia religiosa de los pobladores de la región, viendo la necesidad de crear un nuevo curato, y le solicitó a Flores poder hacerlo en sus tierras.


El obispo aceptó la donación y elevó el predio al Virrey Rafael de Sobremonte quien lo autorizó inmediatamente. Lue y Riega, mediante un Auto de Erección, el 31 de mayo de ese año creó el curato bajo la advocación de San Joseph con el agregado de Flores en agradecimiento a la familia donante. 

Con el esfuerzo de los vecinos
En noviembre de 1806, los vecinos comenzaron por su cuenta a levantar la primera capilla sobre la actual calle Rivera Indarte con frente hacia el Este. Era una construcción precaria, erguida con materiales inadecuados, techo de paja sostenidos por tirantes de palmera y paredes de adobe. Al poco tiempo comenzó a mostrar filtraciones de agua y graves rajaduras en sus paredes, con lo que amenazaba desplomarse sobre los feligreses. El obispo Lué, entonces, comenzó a recaudar limosnas en dos oratorios particulares.

Ese año el presbítero Simon de Bustamante fue el primer sacerdote interino del templo. Ocupó formalmente ese puesto hasta el 4 de diciembre de 1808 en que se hizo oficialmente cargo del curato. 


El padre Miguel García, debió abocarse con urgencia a re edificarlo todo. Era doctor en Teología egresado de las universidades de Córdoba y Chuquisaca, de una cultura poco común para la época. Con los años llegó a ser presidente de la Legislatura y más tarde, Rector de la Universidad de Buenos Aires.

Para poder edificar un templo más sólido y duradero, García no dejó propietario sin visitar, consiguiendo lo que muchos consideraban casi imposible, sacarle en donación al propio Ramón Francisco Flores: doce mil ladrillos de primera calidad. Los habitantes del barrio eran de muy pocos recursos económicos y el padre poco pudo hacer con el escaso dinero así obtenido.

El 19 de febrero de 1810 comenzaron a realizarse los cimientos de la nueva Iglesia, en una extensión aproximada de “8,5 varas de frente por 20 de fondo”, pero, el 12 de mayo de 1810 los trabajos tuvieron que suspenderse nuevamente por falta de fondos.

Casi un año después, el 18 de febrero de 1811 recomenzaron los trabajos, quedando nuevamente suspendidos el 10 de mayo de ese mismo año. Al no lograr darle término, el presbítero García se vio obligado a establecer la Iglesia en uno de los corredores contiguos al edificio en construcción, y durante dos décadas se mantuvo en ese lugar. 

La Imagen
Nos contó en 2005 el secretario parroquial Luis Avellaneda que la primer imagen de San José fue donada a la parroquia en el año 1808 por Don Isidro Lorea, cuando la primera capilla comenzaba a funcionar en la esquina de Rivera Indarte y Rivadavia. Esta imagen fue quitada por el Padre Grela, colocando en el altar mayor “...un vulgar lienzo pintado...”, con el disgusto general de todo el vecindario (principios de 1924). Un año después al hacerse cargo el P. Herrera, restituye la imagen del patrono al altar mayor. Y dice Carbia que: “...algún tiempo después una tal Señora de Montenegro obsequia una nueva imagen...” con la condición expresa de llevarse la primitiva. De documentos fotográficos o escritos, consta que jamás otra imagen ha salido en las procesiones patronales si no es la donada por Terrero

Manuel Belgrano
Y fue allí donde el General Manuel Belgrano con sus tropas rumbo al Norte se detuvo para orar y pasar la noche del 24 de enero de 1812. Es interesante transcribir lo escrito por el creador de la bandera respecto a la cantidad de hijos de padres desconocidos: "El curato tiene legua y tres cuartos de jurisdicción y los feligreses que lo ocupan son mil setecientos: bautismos 180 al año y casamientos 20" y concluye "es de admirar que la población no este ni en razón de diez a uno con los bautismos" 

Ampliación
El templo se hallaba ubicado con frente a la actual avenida Rivadavia, casi sobre la intersección de Rivera Indarte; probablemente el espacio que mediaba entre la puerta de la Iglesia y la línea de la calle, estaba destinada al respectivo atrio. Al paralizarse las obras en 1811, el templo se encontraba aún sin techo, pero con algunas paredes levantadas por el costado y cerradas las dos capillas que quedaban a ambos lados En ese estado permanecieron las obras durante largos años, sufriendo deterioros tales que provocaron su completa destrucción. En vista de esto, el gobierno de Bernardino Rivadavia decretó en 1823 emprender a su costa, la edificación de un nuevo templo parroquial, proyecto que nunca se concretó. 

Los padres Manuel José de Warnes, José Ignacio Grela y Nicolás Herrera llegaron a la parroquia en 1824. Para entonces la capilla resultaba pequeña y los vecinos del pueblo, no obstante las cuatro misas del domingo quedaba fuera sufriendo los rigores del sol o las inclemencias del frío. Herrera introdujo importantes reformas y se encargó de embellecer las iglesia con nuevas imágenes, colocando en el centro del altar mayor la del patrono San José, talla de notable calidad, obra del escultor Isidoro Lorea. 

Por primera vez los vecinos pudieron escuchar música sacra proveniente de un pequeño órgano de construcción local, para el que se habilitó un nuevo coro de madera. Muchas de estas mejoras como la pintura, el dorado de los altares, las verjas, los cuadros, las campanas o los postes en el atrio para que los paisanos pudieran los domingos amarrar sus caballos se hicieron con generosas donaciones de vecinos de la Capital, que por ese entonces ya comenzaban a edificar sus casas de descanso en el pueblo. 

Juan Manuel de Rosas
En febrero de 1830 sucedido al padre Herrera el doctor Martín Boneo, amigo personal de Juan Manuel de Rosas. El nuevo párroco dedicó sus esfuerzos a dos proyectos prioritarios: edificar una nueva iglesia y erradicar el pequeño cementerio lindero trasladándolo a un lugar más amplio y menos urbanizado. En solo dos meses Boneo consiguió  entusiasmar a los vecinos, que apoyaron sus propuestas abriendo una suscripción pública en todo el partido. El Juez de Paz resolvió destinar los importes de las multas a los contra-ventores y los feligreses más humildes ofrecieron su trabajo personal, cal, leña, pan, adobes y pequeñas sumas de dinero. 

El padre Boneo no dudó en contactarse con los referentes de las clases acomodadas de la época para recaudar el dinero suficiente para terminar el templo. Nombró como síndicos de la obra a los terratenientes Juan Nepomuceno Terrero y Luis Dorrego y poco después obtuvo algo más importante: la solidaridad del gobernador Juan Manuel de Rosas, a quien nombró padrino del templo y quien jugaría un papel decisivo para su concreción. 

Detrás de Rosas siguió toda la sociedad porteña que rivalizó en donaciones de diverso género para la nueva iglesia, desde dinero hasta ladrillos, rejas, puertas de cedro, manteles, alfombras o implementos de culto. Entre ellos encontramos los nombres de Encarnación Ezcurra y su hermana María Josefa, Manuel Vicente Maza, Lucio Norberto Mansilla, Angel Pacheco, Juan José Paso, José Rondeau, Gregorio Perdriel, Gervasio Ortiz de Rosas, Juan José de Anchorena. 

Consagración
El afamado ingeniero Felipe Senillosa, autor de los planos, tomó con agrado la dirección de la obra en forma totalmente gratuita. La iglesia se inauguró el 11 de diciembre de 1831 con grandes festejos populares que se prolongaron durante toda la semana. Lo consagró el obispo Mariano Medrano y Cabrera con la presencia del gobernador de Buenos Aires y ofreció la primera misa el doctor José María Terrero, aunque todavía faltaba terminar el pórtico y la segunda torre, que se concluyeron en 1833.

En el año 1878, más precisamente en abril, se hizo cargo de la Parroquia el padre Feliciano de Vita, quien encaró la construcción de un nuevo templo para reemplazar el edificado por Senillosa, ya que por un lado su capacidad no alcanzaba para albergar a toda la gente y además estaba fuera de tono con las grandes residencias que ya se habían construido en los alrededores por parte de las familias acaudaladas de la zona. Estas mismas volvieron a colaborar con generosos aportes al proyecto. De aquel edificio quedan pocos testimonios, entre ellos unos grabados de Charles Henri Pellegrini

Definitivo
El 4 de mayo de 1879 se colocó la piedra fundamental del nuevo templo. En lo que es hoy un enclave fundamental del barrio, frente a la plaza Pueyrredón y franqueada por tres pasajes (Salala, Espejo y Pescadores)

Casi dos meses después, el 23 de julio de 1879, los arquitectos Benito Panuzi y Emilio Lombardo, encargados de la obra, daban por concluidos los planos, colocando los primeros ladrillos del actual templo, y desde entonces los trabajos para la recolección de fondos tuvieron que redoblarse.

La comisión encargada de este objetivo estaba compuesta por: Ángela Dorrego de Ortiz Basualdo, presidente; Carmen Díaz Vélez de Cano, vicepresidente; Teresa R. Freso, tesorera; Enriqueta Terrero, secretaria; Antonio Marcó del Pont, presidente, Feliciano De Vita, cura vicario, presidente honorario; José Luis Amadeo, tesorero; R. Ruiz de los Llanos y Luis O. Basualdo, secretarios.

El 18 de Febrero de 1883, después de 3 años y 9 meses de lucha continua, la actual Iglesia de San José de Flores fue inaugurada y bendecida por Monseñor Federico Aneiros, en medio de una gran celebración popular, los padrinos del templo fueron el Sr. Gobernador Juan Jose Dardo Rocha y la Sra. Felisa Borrego de Miró.
El diario La Prensa del 19 de Febrero de 1883, da cuenta de este acontecimiento:
"No se borrará fácilmente de la memoria del vecindario de Flores la fiesta del Domingo. Todo contribuyó a que la ceremonia fuese agradable y espléndida. Desde bien temprano el repique de campanas y el movimiento inusitado que se advertía en Flores, daban a entender lo que se esperaba. La ceremonia religiosa fue precedida de las naturales impaciencias en un público tan numeroso y que cada vez recibía mayor contingente en tranways, ferrocarriles y carruajes particulares. Las bandas de música de artillería, del 7 de línea y del batallón de marina llegaron al pueblo a las 10 y media. Ya se encontraba alojado en la casa del cura el Arzobispo y se aguardaba solamente al padrino, que lo era el Gobernador, para dar principio a la ceremonia. Muy cerca de las doce, la madrina, señora Borrego de Miró, acompañada por el Dr. Rocha y la comitiva entraban al templo. El interior de la Iglesia ofrecía un aspecto entre juguetón y severo. Por una parte una inmensa cantidad de hermosos ramos de flores, que no obstante su fragancia, no podían ocultar el olor a cal húmeda que aún despedían las paredes.” 

Francisco
Fue la iglesia a la que la familia Bergoglio, que vivía a pocas cuadras de allí, asistía para la celebración de la misa dominical. También fue el lugar que Jorge Bergoglio frecuentó de chico cuando formaba parte de la Acción Católica. Tal vez sea por eso que el ahora Francisco mantuvo siempre un lazo especial con el templo de su infancia y adolescencia. Allí fue donde -cuenta el párroco Gabriel Marronetti al diario La Nación en la edición del 15 de marzo de 2013- , siendo un joven de 17 años, escuchó por primera vez el llamado de Dios para seguirlo como pastor de la Iglesia. 

Un 21 de septiembre, antes de ir a celebrar el Día de la Primavera con sus amigos, Bergoglio decidió pasar por el templo de Flores, contó Marronetti a la nacion. "Entró y un padre estaba predicando la homilía. Él la escuchó, le gustó y al final de la misa le preguntó al sacerdote si lo podía confesar", detalló. Fue durante esa confesión cuando se dio cuenta de que Dios lo estaba esperando, agregó el párroco.

A pesar de que pasarían cuatro años hasta que el joven feligrés de San José de Flores entrara en el Seminario Arquidiocesano, fue en esa oportunidad y en el primer confesionario con el que uno se topa después de entrar al templo por la nave lateral izquierda, donde Dios se le anticipó, revelaría años más tarde el ahora Sumo Pontífice.


Transcurrió el tiempo. Bergoglio pasó del seminario del clero secular al de los jesuitas, fue ordenado sacerdote en 1969 y fue desarrollando su ministerio pastoral. Sin embargo, mantuvo siempre el cariño hacia la iglesia de Flores y su enorme devoción por San José. "Hace unos cinco años que celebraba misa aquí: generalmente durante la Semana Santa; el 19 de marzo, día de San José, y alguna otra vez durante el año.", señala Marronetti. Pero además, muchas veces Bergoglio visitaba la iglesia simplemente para rezar. "Se quedaba en el fondo y con ese gesto ya me daba cuenta de que no me buscaba, y yo no lo interrumpía. Lo dejaba tranquilo, respetando su momento de oración. En esas oportunidades, él no visitaba la basílica como cardenal, lo hacía como un simple devoto de San José y un peregrino."


Otros datos
Fue elevada a Basílica menor, el 20 de enero de 1912 por el Papa san Pío X, haciendolo efectivo el Arzobispo de Buenos Aires Monseñor Mariano Antonio Espinosa. Siendo párroco Daniel Figueroa, quien la decoró y embelleció tal como hoy se encuentra. Asimismo fue en ese año y con tal motivo, que llegaron desde Roma la imagen de Santa Columba, virgen y mártir, y las reliquias insignes que en su interior se conservan, obsequio de Monseñor Antonio Sardi, obispo de Agnani, en Italia donde las monjas cistercienses las tenían en un santuario

En el escudo real de la Basílica se cruzan la vara florecida del Santo Patrono con la llave pontificia, y cubriendo a ambas una umbella basilical a medio abrir. Este escudo se repite en diversos lugares de la basílica, por ejemplo: en el remate de las puertas de la sacristía y del camarín del santo, en el reverso de los estandartes parroquiales, en las puertas del frente del templo, en el nicho central de San José en el altar mayor.

En 1916, el 1° de julio, la Basílica fue consagrada al Sagrado Corazón de Jesús.

En el año del 150° aniversario, el 28 de octubre de 1956, en medio de grandes festejos, la hermosa imagen de San José que preside el altar mayor del templo, recibió la coronación pontificia, por especial distinción del papa Pío XII, siendo párroco Monseñor David Auletta, inaugurándose al mismo tiempo el Camarín de San José y el Bautisterio.

Entre los años 1996 y 1997, dicho camarín vio acrecentada su belleza por la serie de tres pinturas realizadas por artistas ucranianos y una restauración efectuada.

Por Resolución 58/2006, en el año de su bicentenario fue declarada Sitio de Interés Cultural. 

El 15 de agosto de 2011 se inauguró el Altar de la Inmaculada Concepción en una celebración presidida por Monseñor Joaquin Mariano Sucunza.

Unitarios y Federales
Esta lucha fratricida planteada en la primera mitad del siglo XVIII tuvo también como protagonista a la Basílica. 

El 13 de diciembre de 1828 Manuel Dorrego (enemigo de Rosas) fue fusilado por el General Juan Lavalle en la localidad bonaerense de Navarro. El padre Herrera, párroco en ese momento, era simpatizante de los unitarios por eso se realizó un celebre funeral en la iglesia.Por su parte Facundo Quiroga, caudillo de la provincia de La Rioja, partidario de Rosas fue asesinado en Córdoba, en el paraje conocido como Barranca Yaco. Este luctuoso hecho ocurrió el 16 de febrero de 1835. El templo estaba a cargo de un cura amigo del gobernador Juan Manuel de Rosas, el padre Boneo y por ese motivo allí se realizó el funeral y sus restos descansaron allí hasta el 20 de diciembre de ese año cuando un cortejo fúnebre en un carro tirado por hombres de negro ingresaron por el Camino Real a la Capital. El cortejo fue vivado por los habitantes de la ciudad para dirigirse a lo que hoy es el cementerio de la Recoleta.

Restauración y después
El tiempo transcurrido desde que fue erigida ha ido ejerciendo un deterioro de sus pinturas, sus frescos, sus imágenes y su arquitectura interna original.

Por ello, y para intentar devolver su esplendor artístico original, se  decidió iniciar junto con un grupo de la Escuela de Bellas Artes, las tareas de restauración de la Basílica. Con el tiempo pasó a ocuparse de la Restauración Artística la Patricia Bono y su equipo  respecto del Retablo de la Virgen, ella mencionó "fue hecho a nuevo en partes, donde era necesario, por encontrarse en muy mal estado, pero la idea fue conservar el espíritu y la antigüedad que corresponde a una buena restauración". La artista y su equipo fueron trasladando las imágenes que se podían a su estudio en Pilar, reacondicionadas y de alli vuelta a llevar a Flores


© Miguel Cabrera

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