Apéndice

EL 16 DE JUNIO DE 1955
A lo largo de esta obra se mencionan los hechos ocurridos en la noche del 16 de junio de 1955. La Argentina se ha caracterizado por el marcado antagonismo entre dos sectores claramente definidos, la patria y la antipatria.

El justicialismo tiene, hoy en día, infinidad de detractores y la misma cantidad de individuos que comulgan con su doctrina. Por tal motivo y sin afan de querer generar discusiones transcribo brevemente dos articulos uno escrito en el diario Clarín y el otro en La Nación con motivo de los 50 años de esos hechos.




El 16 de junio de 1955: el día más violento, Por Pabl
o Mendelevich, para La Nación, 12 de junio de 2005
Cerca del mediodía, el presidente Juan DomingoPerón salió con cierto sigilo de su despacho en la Casa Rosada y se ubicó en el asiento trasero de un auto que arrancó, veloz, en dirección al sur. El viaje fue brevísimo. Perón entendió que el edificio Libertador, entonces Ministerio de Guerra, a solo 150 metros, era un refugio adecuado para sortear el que al cabo sería el levantamiento golpista más cruento de la historia, a la vez que un intento de magn
icidio carente de sutileza alguna, ya que para intentar matarlo se bombardearon desde el aire la Plaza de Mayo, la Casa Rosada, la avenida Paseo Colón, la Avenida de Mayo, el Congreso, la residencia presidencial (donde ahora está la Biblioteca Nacional) y todas las adyacencias. Las bombas y metrallas de la aviación naval causaron entre la población civil alrededor de 300 muertos y un millar de heridos -las cifras exactas nunca se conocieron-; esa misma noche, grupos armados vinculados al gobierno incendiaron la Curia y una docena de iglesias. (…)
 
El jueves 16 de junio de 1955 estaba previsto un desfile aéreo, con punto de observación privilegiado en la Plaza de Mayo, en ho
menaje a San Martín. Muchos pensaron que Perón lo miraría desde la terraza de la Casa de Gobierno, idea que al parecer nunca estuvo en sus planes. No se trataba, en rigor, de un festival aéreo políticamente aséptico, como no lo era entonces casi nada de lo que ocurría en esa Argentina polarizada, partida en mitades por el peronismo y el antiperonismo. Se pretendía que la memoria de San Martín había sido ultrajada por la marcha de Corpus Christi. "A las doce una formación de aviones Gloster Meteor de las unidades caza-interceptoras de la fuerza aérea volarán sobre la Catedral", avisaba con diabólica mansedumbre un comunicado oficial (citado por Hugo Gambini en su Historia del Peronismo, La Obsecuencia, 1952-1955).

Más de cien mil personas habían participado el sábado anterior en el peculiar Corpus Christi, cuando el fervor religioso cedió paso a la reacción de sectores medios y altos contra la ofensiva anticatólica y la caminata se transformó en una inofensiva -aunque nutrida- manifestación opositora. Sobre el final se produjo el confuso episodio de la quema de una bandera argentina, supuestamente sustituida por la bandera vaticana en un mástil de
l Congreso. (…)
 
Tres horas después de lo previsto, a las 12.40, los bombarderos iniciaron el ataque. La primera bomba,que cayó en el techo de la Casa Rosada, habría sido la única capaz de ser explicada -lo que no implica decir justificada- en el marco del objetivo golpista. Pero la siguiente dio en un trolebús que circulaba por Paseo Colón y mató a todos sus ocupantes, mientras la gente que estaba en la plaza corría con tanto desconcierto como desesperación. Poco más tarde, durante una nueva incursión aérea, la plaza ya era un tend
al de cadáveres y personas mutiladas. (…)
 
Historiadores no peronistas como José Luis Romero escribieron -con un enfoque semejante al expresado por Félix Luna- que el intento de golpe de junio fue "verdaderamemente descabellado" (Luna suele poner el acento en el error histórico de Perón de pelearse con la Iglesia sin necesidad). Hoy reitera Fermín Chávez, con una visión peronista, que se trató de "la misma conspiración antiperonista que venía de 1952 y 1953".


Para Alejandro Horowicz, autor de Los cuatro peronismos, fue, en esencia, un ataque pensado: "Una explícita advertencia de hasta dónde estaban dispuestos a llegar si Perón no renunciaba". (…)

 
Cesaron también ese trimestre los ataques a la Iglesia, aunque eso sólo sucedió después del broche del trágico jueves 16 de junio, cuando la amenaza tantas veces enunciada desde los balcones del régimen se hizo realidad y fueron saqueados e incendiados en serie templos católicos:
la Curia, la Catedral y las iglesias de Santo Domingo, San Francisco, San Ignacio, San Miguel, La Merced, del Socorro, San Nicolás de Bari, San Juan Bautista y la capilla San Roque.
La Noche que quemaron las iglesias, Patricio Downes, para el diario Clarin, 16 de junio de 2005.
"Yo pensaba que si mataba a Perón, igual me iba al cielo", confesó Florencio Arnaudo a medio siglo de la pelea entre la Iglesia y el presidente Juan Domingo Perón, que desembocó en la quema de templos católicos el 16 de junio de 1955.
Arnaudo, militante de la Acción Católica Argentina (ACA), integró los grupos organizados por el catolicismo para defender sus templos de cualquier ataque. Pero también —él mismo lo confiesa en sus libros "Operación Rosa Negra" y "El año que quemaron las iglesias"— fue un activo antiperonista, que trabajó en la confección y reparto de panfletos contra el gobierno de Perón y también se anotó en grupos civiles que debían actuar como apoyo al golpe militar, que finalmente derrocó al líder justicialista. (…)

 
Lejos cronológicamente de aquel odio, pero con el mismo sabor amargo en la boca, este ingeniero de 82 años recordó que "un domingo 12 de junio, como también cayó este año, todos los que defendimos la Catedral de un primer ataque caímos presos en Devoto". (…)

 
La noche del 16 de junio de 1955, después de los bombardeos a Plaza de Mayo y la residencia presidencial, ardieron la Curia Eclesiástica —situada al lado de la Catedral— y las iglesias de San Francisco, Santo Domingo, San Ignacio, La Piedad, La Merced, San Miguel, San Juan, San Nicolás de Bari, el Socorro y Nuestra Señora de las Victorias.

 
Ese día, sin embargo, Arnaudo ni los demás hombres de la Acción Católica que integraban los grupos de defensa, actuaron en la protección de los templos. "A las seis de la tarde del jueves 16 de junio llamé por teléfono a nuestro comandante y me dijo: Queman la Curia, pero nadie sale, todo el mundo a su casa".

 
En noviembre de 1954, Perón había atacado a los "curas contreras" y acusó a los católicos de infiltrarse en los sindicatos. La tensión fue creciendo y se negó permiso para la procesión del Corpus Christi, pero la Iglesia decidió hacerla igual con la participación de unas 150 mil personas. 

 
El conflicto creció cuando la Policía Federal dijo que había sido quemada una bandera argentina durante la procesión de Corpus. (..)

 
Los presos fueron liberados en el transcurso de la semana, mientras se sucedían los actos y declaraciones de desagravio a la quema de la bandera, en medio de una creciente tensión que desembocó en la expulsión de los obispos Tato y Ramón Novoa, obligados a viajar a Roma

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El jueves 16, los defensores de la Catedral fueron liberados, sin saber que se avecinaba un bombardeo sangriento a civiles indefensos. Pocos dudaron de la complicidad católica; meses después los aviones golpistas volaron con la insignia "Cristo Vence".
© 2009 Miguel Cabrera

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