Basílica del Espiritu Santo y Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe

La devoción por esta virgen en el barrio de Palermo surgió cuando inmigrantes llegados a fines del siglo XIX promovieron la creación de una capilla bajo la advocación de la virgen de Guadalupe, patrona de México y Filipinas y considerada “emperatriz de América, que se inauguró en 1890. Fue situada en la calle Mansilla 3845 


Ante la ausencia de una sede Monseñor Aneiros les ofreció en 1894, a la Congregación del Verbo Divino, la capilla para que les sirviera de sede. La Congregación, de origen holandés, estaba en el país desde 1889. 

En apenas unos años más, la capilla ya resultaba chica para aquel barrio en continuo crecimiento. Por eso decidieron la construcción del nuevo templo. La piedra fundamental (está detrás del altar mayor) se colocó en 1901 y se inauguró en 1907, por disposición del fundador de la Congregación, el nuevo templo estaría dedicado al Espíritu Santo.

Datos Arquitectónicos

El estilo románico de la Basílica sabe evitar la relativa pesadez del estilo romano, que prefiere los muros pesados y gruesos con arcos chatos y sólidos. El templo, en cambio, logra líneas esbeltas y livianas, arcos altos y fáciles que siguen la tendencia de la Arquitectura gótica que busca alturas.

La arquitectura del templo responde a la forma de basílica romana, destacándose la cruz latina en la planta de su conjunto: nave central, dos naves laterales y crucero, encontrando su remate en tres ábsides. 


Tiene una longitud de 53 metros y un ancho de 20 metros (nave central) ó 43 metros (considerando el crucero). La altura interior es de 18 metros y los pilares, alternándose uno de material y otro de granito, sorprenden por su esbeltez. La mayoría de los materiales usados en su construcción llegaron desde Europa: el granito negro puesto en las columnas es de Austria; las baldosas, de Alemania y los brillantes vitreauxs, de Francia. También hay materiales nacionales como los mármoles y las maderas. En el frontis se destaca la imagen de Jesucristo en la cruz, como símbolo del calvario. Todo el edificio fue pensado por el padre Juan Beckert, un arquitecto integrante de la Congregación


Las altas bóvedas se yerguen cerradas por amplios arcos de medio punto y trazadas por bellos arcos cruceros. Todo el conjunto interior del templo atrae por la severidad armoniosa de sus líneas y detalles, destacándose la riqueza de los variados vitrales. Las galerías superiores de las naves, con sus repetidos arcos y columnas, aportan elasticidad y elegancia. 


Se ha dicho que la Basílica del Espíritu Santo es una verdadera teología puesta en piedra. En cada columna hay un símbolo, en cada arco una intención, en cada grupo una enseñanza profunda. El número sagrado "3" como contenido de la Santísima Trinidad, juega con el número "7", símbolo de las gracias sacramentales y de los dones del Espíritu Santo.

La entrada

Al ingresar al templo, aparece en el nártex la invocación al titular de la Basílica: "VEN, OH ESPÍRITU SANTO". Flanquean la entrada sendas pilas de agua bendita con las respectivas imágenes de los Arcángeles, custodios de la Iglesia: San Miguel, con sus atributos de escudo y espada, venciendo a Satanás y San Rafael, con sus símbolos: Alimento, báculo y maletín. Al lado de cada una de ellas se encuentran representados los escudos de la Ciudad de Buenos Aires y de la Congregación del Verbo Divino. En ambos -por sugestiva coincidencia- es el Espíritu Santo quien domina el campo desde lo alto.

El ábside central

La Basílica posee ocho altares ( siete altares con retablo ) y se destaca el arreglo del ábside de la nave central, rico en enseñanzas y simbolismos.

Todo el conjunto está enmarcado por el arco de medio punto inscripto con la primera estrofa del Himno que la Iglesia canta a Dios: «VENI CREATOR SPIRITUS, MENTES TUORUM VISITA, IMPLE SUPERNA GRATIA QUAE TU CREASTI PECTORA» (Ven, Espíritu Santo Creador, a visitar nuestro corazón; colma con tu gracia viva y celestial nuestras almas, que Tú creaste por amor). En la parte superior, en la cúspide de la bóveda, aparece en altorrelieve la figura blanca de una paloma, símbolo del Espíritu Santo.


Rayos de luz emanan formando las siete gracias: Piedad, Fortaleza, Entendimiento, Sabiduría, Consejo, Ciencia y Santo Temor de Dios. La claridad envuelve el círculo en que se asoma el Espíritu Santo y surgen cabezas aladas de ángeles.


Más allá de los ángeles decrece la claridad de la luz; nubes blancas cubren un fondo algo oscuro en que aparece el Mundo material y corpóreo. La mole misma sobre la que descansa la bóveda parece la Tierra sobre la cual desciende el Cielo.


Esta cúpula que corona el ábside, sostenida por esbeltas columnas, se interrumpe para dar paso a la luz de siete vitrales. En ellos se iluminan siete ángeles que presentan los principales textos bíblicos referidos a Dios Espíritu Santo. En la parte inferior, los medallones con la representación ideal de los siete sacramentos: Bautismo, Confirmación, Penitencia, Eucaristía, Unción de los Enfermos, Orden Sagrado y Matrimonio.


Más abajo, en el nicho central, está sentada la imagen de la Virgen María en el Cenáculo de Pentecostés. Los doce apóstoles ocupan la corona que cierra el semicírculo.


Al pie de la representación, blancas y azuladas se empujan las aguas vivas de la Gracia, saliendo de las siete portadas con la inscripción de cada Sacramento. Todo este arreglo se halla estampado con pequeños mosaicos que dibujan las iniciales latinas de las Tres Personas de la Santísima Trinidad: Pater, Filius, Spiritus Sanctus


La Basílica impacta  afuera se destacan las dos torres que miden 54 metros de alto. Con una ligera tendencia gótica expuesta en esa altura, en cada una de ellas hay un imponente reloj, cuya máquina es de origen alemán. El carillón tiene tres campanas. Más arriba de los relojes, están los campanarios propiamente dichos que contienen cinco campanas fundidas en el pueblo de Bochum, también en Alemania.


Armenios
En 1924 el padre Juan Bautista Kazezian celebró la primer misa y la administración de sacramentos con rito armenio.  

Posadas

Aqui estudió Monseñor Jorge Kemerer. Y entre 1951 y 1957 fue párroco de la iglesia, donde desplegó una activa misión pastoral, con la adhesión de la feligresía, que aún lo recuerda. Dejo esa posicion porque fue nombrado como el primer obispo que tuvo la diósesis de Misiones.
 

© Miguel Cabrera 

No hay comentarios: