Parroquia y Santuario Santa Lucía Virgen y Mártir

Referencias Históricas y Testimoniales

No es posible reseñar los hechos salientes que jalonan el proceso evolutivo de Barracas, sin hacer mención especial de la iglesia parroquial de Santa Lucía. Es uno de los más antiguos santuarios porteños cuyas fiestas patronales se celebran el 13 de diciembre.

Está ubicada en la ex Ensenada de Barragán y Pampas, luego calle Larga, Av. Santa Lucía y actual Montes de Oca 550.



En el año 1783, María Josefa Alquizalete, hizo trasladar la capilla que tenía en terrenos de su propiedad, ubicada en las actuales Sarmiento y Montevideo, a su quinta de Barracas. El Obispo de Buenos Aires, Fray Sebastián Malvar y Pinto, le concedió autorización para que pudiese tener un oratorio en honor a Santa Lucía de Siracusa: "haciendo inspección de la pieza de dicho oratorio la encontró con el aseo y decencia cual corresponde a tan alto ministerio, sin que falte utensilio alguno...". Con ello se concedió a doña María Josefa de Alquizalete "el que pueda tener y tenga un oratorio en su quinta, para que en él se pueda celebrar misa por cualquier eclesiástico secular, o regular, que tenga las debidas licencias, y que en dicho oratorio, pueda cumplir con el precepto de oír misa los días festivos, la referida doña María Josefa de Alquizalete, su familia y criados, como cualquier u otras personas que concurran a ella, aunque no este presente la precitada".

El 11 de diciembre de 1885 se colocó la piedra fundamental, fue bendecida por el Arzobispo de Buenos Aires, Federico Aneiros y apadrinada por el primer Intendente que tuvo la Ciudad, Torcuato de Alvear, su esposa, Elvira Pacheco y Reinos, y muchos vecinos, como consta en una placa de mármol colocada en el interior del templo. Dos días después, en concordancia con el santoral, se iniciaron las obras. El Arquitecto Joaquín Mariano Belgrano fue quien estuvo a cargo de los planos y de su construcción. Acción que realizó en forma gratuita. La inauguración, ocurrida en 1887, fue apadrinada por el Presidente de la Nación, Juárez Celman.

La jurisdicción de la Parroquia de Santa Lucía, determinaba también el Distrito Electoral Barracas al Norte, (antigua denominación para la zona norte del Riachuelo).

Por decreto municipal del 20 de marzo de 1871, el doctor Eugenio Federico de la Serna Peña (familiar del actor Rodrigo de la Serna ver: www.familiadelaserna.com.ar) es nombrado medico parroquial para atender a los enfermos de la epidemia de fiebre amarilla que ocurrió en el Sur de la ciudad.

En el atrio de la iglesia se ubicaban las mesas electorales. En el diario de Sesiones del Congreso de la Nación, con fecha 20 de julio de 1874, se relata una denuncia que informa que la votación se llevó a cabo en la casa del juez de paz y no en el atrio de la iglesia. El fraude electoral fue muy común en la Argentina del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX.

Las crónicas periodísticas de la época, cuentan de un casamiento realizado en la Iglesia de Santa Lucía, que los novios llegaron en automóvil, por primera vez en América del Sur, (1902). El vehículo podría ser un Panhard Levassor del siglo XIX.

Renovación

En 1929, con motivo de las bodas de plata del padre Paso Viola, fueron renovados los altares de San José y de la Inmaculada y se hizo una refacción del techo, sustitución de las pizarras por unas de zinc especial, se renovó todo el revoque interior y el zócalo se hizo de nuevo, de estuco.

Se levantaron ocho columnas de ónix en el presbiterio, que se renovó, se le colocó pisos de mosaico y se hizo más espacioso. El comulgatorio se decoró con ónices de San Luis y de San Rafael, Mendoza.

Cúpula recordando la procesión
Se hizo un nuevo altar mayor de mármol, nuevos altares del Sagrado Corazón y de San Antonio de madera tallada y del Santo Cristo en mármol. Y cuatro grandes cuadros de la vida de Santa Lucía y una alegoría de la procesión de Santa Lucía en la bóveda de la cúpula central, que se le encomendaron al artista Augusto Juan Fusilier.

También se confeccionaron tres grandes vitreaux en las tres cúpulas de la nave, cinco vitreaux más en las tres ventanas del costado, en las dos del Presbiterio, otro en el cancel y otro sobre la puerta de calle.

Se dispuso asimismo la restauración del hall, se hizo el lustre a piedra del mosaico de todo el piso del templo. Se restauró el cancel y se confeccionaron nuevos y modernos bancos.

La víspera de Santa Lucía de 1928, en representación del arzobispo José María Bottaro, el obispo de Temnos, monseñor Miguel de Andrea bendijo una magnífica custodia de plata, oro, piedras y esmaltes, obsequio de la congregación de la parroquia, bendiciendo asimismo la nueva imagen del Sagrado Corazón.

El 1 de julio de 1931, el obispo de Cuyo, monseñor Orzali, consagró el nuevo altar mayor, cuya principal donante fue María Unzué de Alvear, y el nuevo altar del Santo Cristo, costeado por los esposos José A. Iriarte y Manuela B. de Iriarte.

La chiquita

En la capilla de Sarmiento y Montevideo, la imagen de Santa Lucía era pequeña y de vestir. El vestido y el manto carmesí estaban bordados en oro. La cabellera cae sobre los hombros. En una mano tiene la palma y en la otra el plato de los ojos. Esta es la que se la conoció como la imagen chiquita: "la chiquita".

A fines del siglo XVIII la chiquita fue sustituida por una mayor, que es la que ahora es llevada en las procesiones.

La imagen chiquita quedó en la casa de los Alquizalete y luego pasó en propiedad de los nuevos dueños. Hasta que en 1886 Julián Viola, tío del padre Ignacio, logró rescatarla y decidió restituirla al templo.

El padre Samperio inició con la chiquita una procesión por el interior del templo, todos los días 13 y en ocasiones también fue llevada en la procesión del 13 de diciembre.

La Mayor

Se calcula que a partir de 1794 la imagen mayor presidió la capilla primitiva. Es la que está en el camarín. El 13 de diciembre de 1887 a las seis de la tarde, la imagen salió de la capilla formándose una grandiosa procesión que recorrió varias cuadras de la calle Larga y a su término, entró por primera vez al nuevo templo.

Algunas imperfecciones que presentaba la imagen impulsaron al padre Samperio a embellecerla y para ello le encomendó a la Casa Majó de Buenos Aires, la tarea de realizar una talla artística y hermosamente decorada. La talla en madera estuvo a cargo del artista tirolés, Leo Moroder.

La del Altar

La otra imagen de Santa Lucía que preside el altar mayor del templo, es una talla de madera inaugurada en 1890, que fue donada por Julián Viola y Agustín Richieri. Fue diseñada y decorada en un taller de Barcelona.

Las Reliquias

La parroquia posee también algunas reliquias de la santa virgen y mártir.
Una de ellas se conserva en un pequeño relicario que se da a besar en las festividades. Otra se conserva en un relicario que fue bendecido en 1952, el día de la festividad, por el cardenal Santiago Luis Copello, quien además presidió la procesión. Desde esa fecha el relicario integra la procesión.

El Camarín

Durante mucho tiempo la chiquita fue venerada en un camarín pequeño e incómodo para la numerosa feligresía que llegaba a rendirle su devoción. Luego de sucesivas restauraciones, el 12 de junio de 1999 se habilitó y fue bendecido.

De las Invasiones Inglesas y un poco mas

En su libro de memorias (Los últimos cuatro años de la dominación española en el antiguo Virreinato del Rio de la Plata) Francisco Saguí, un comerciante de la época, describe una hecho ocurrido en proximidades de la parroquia. Luego de relatar el desembarco del Mayor irlandés Williams Carr Beresforfd en las costas de Quilmes y contar como esos mil quinientos sesenta hombres llegaron en dos días del otro lado del puente de Barracas (a la altura de donde hoy está el puente Pueyrredon) y desde allí comienzan a tirotearse con la avanzada porteña dice: “Se les había hecho concebir a nuestras milicias apostadas en las barrancas que dominan la llanura, la esperanza de que la artillería, marchando por Paso-Chico le tomaría la retaguardia. El inspector general D. Pedro de Arce era el encargado de batirle, mientras que el virrey (NdelA: Rafael de Sobremonte y Núñez), apostado a más de una milla, en la quinta de Dorna (NdelA: se refiere al comerciante sevillano Antonio Dorna) frente a Santa Lucía de donde ni siquiera veía al enemigo, impartía órdenes (…) El virrey desde entonces desesperando de un buen éxito, ya no pensó más que en una indigna fuga a Córdoba, su ciudad favorita, de la que había sido antes gobernador”. Todos los milicianos porteños, en su gran mayoría sin instrucción militar, al oír los primeros disparos de parte de los ingleses huyeron como el virrey. Una vez cruzado el rio y cercano a la iglesia se detuvieron y enviaron a un oficial al Cabildo para solicitar la capitulación de la ciudad.  En esa misma quinta en 1810 se reunían los conspiradores de la revolución de Mayo.

En 1812, otra propiedad vuelve a ser sitio de conspiraciones. La quinta de Alzaga en Barracas se transforma en “Cuartel General de los Conjurados”. La Capilla de Santa Lucía se convierte así en refugio de Martín de Alzaga ante las persecuciones del cual era objeto, siendo finalmente ajusticiado en la Plaza de la Victoria.

Durante los sucesos de la crisis revolucionaria de 1820 el Brigadier José M Paz cita en sus memorias: “Entonces llamando el gobernador (Dorrego) a todos sus ayudantes les dijo –¡Corra V. a tal y tal cuartel, Vds. A tal tales otros, y ordenen de mi parte a todos los acaldes que para las tres de la tarde me pongan precisamente en Santa Lucía de Barracas tantos caballos buenos cada uno!”
La Pulpera de Santa Lucía
El poeta y escritor Héctor Pedro Blomberg y el Guitarrista Enrique Maciel a fines del veinte y principio del treinta, se destacaban por narrar historias y acontecimientos: Muchos de ellos estaban vinculados a personajes de la época en que don Juan Manuel de Rosas gobernaba la provincia de Buenos Aires y era el Canciller de la Confederación Argentina.
Son muchos los templos que tuvieron origen en los barrios de la capital federal y hoy todavía conservan el nombre en sus parroquias. En muchos de esos nombres, Blomberg creó una serie de hermosas historias relacionadas con mujeres que podían haber vivido en esas parroquias y una de ellas es la parroquia de Santa Lucía.
En cercanías del templo actual, había una pulpería en la que vivía Dionisia Miranda. Ella en realidad nació con el nombre de Ramona Bustos, fue conocida como “la Rubia del Saladero”, en alusión a los que predominaban por la zona de Barracas.
La historia cuenta que el papá de Dionisia era perseguido por Juan Manuel de Rosas y decidió  huir a Uruguay, en ese momento la cocinera de la familia doña Flora Valderrama decidió  llamarla  Dionisia.
A ella se la podía ver detrás del mostrador de la Pulpería de la Paloma, cercana a la iglesia de Santa Lucía. Contaban que su belleza era mucha y la muchachada del centro de entonces, solía llegarse hasta Barracas sólo para contemplarla.
En1849 cayó por la pulpería un soldado de Lavalle apellidado Miranda, con fama de payador. Miranda, ya novio de la rubia, huyó con ella hacia Uruguay, desde ese momento la pareja pasó a ser un misterio.
Héctor Pedro Blomberg escribió “La pulpera de Santa Lucia” un vals musicalizado por Enrique Maciel, que se estrenó en la voz de Ignacio Corsini en 1929

Las procesiones

En 1838, Pastor Obligado describía la tradicional procesión de la virgen siracusana: "Y es de esta capilla de Santa Lucía, que sacaban la pequeña imagen el 13 de diciembre de 1838, entre repiques, bombas, cohetes y camaretas, orquesta de negros y mulatos con bombos, platillos y chinescos delante, y abastecedores, matarifes y devoto paisanaje a la retaguardia". Años antes, cuando fueron prohibidas las corridas de toros que solían organizarse para celebrar las fiestas de Santa Lucía, comenzaron a realizarse carreras de sortijas, en un trayecto que iba desde la esquina de "La Banderita" hasta la quinta de Casajemas, siendo luego la "argolla" ofrendada a la virgen.
En febrero de 1871 tuvo lugar la que fue llamada "Procesión de la sequía". Con ella, los fieles de la capilla se unían a las rogativas generales para que se produjera la lluvia que pusiera término a la sequía que asolaba al país. "La santa fue sacada en solemne procesión a las seis de la tarde por la calle Larga, concurriendo todo y lo mejor de Buenos Aires. Comenzó la procesión bajo un cielo azul y despejado. Al terminar cayó una lluvia torrencial en la parroquia al igual que en el resto del país, que hizo unir en una misma plegaria la petición y la acción de gracias."
En 1882, los hermanos Serantes, propietarios a la sazón de los terrenos donde se hallaba instalada la capilla, que ostentaba entonces el N° 78 de la Avda. Santa Lucía, propusieron trasladarla a otro lugar de la propiedad, es decir, a la vuelta, en el terreno que miraba al sur (hoy calle W. Villafañe), frente a la plazoleta que allí existía.
En diciembre de 1883 se celebraron solemnemente las fiestas centenarias de la capilla. Los diarios anunciaron el programa preparado entre los días 13 y 16, indicando: "...las fiestas estarán espléndidas y la iluminación será mucho más profusa que en los años anteriores, debido a que la Intendencia Municipal ha tenido a su cargo la colocación de los arcos y pago del alumbrado".

El Padre "Antonito Capellán de Santa Lucía

Mariano Antonio Espinosa nació en Buenos Aires el 2 de julio de 1844 y fue bautizado el 12 en la parroquia de San Ignacio.
Fue criado por don Antonio Modollel, propietario de "La Quinta de Barracas", donde se levantaba la capillita de Santa Lucía.
Lo confirmó Ludovico María Bessi, quien luego fue delegado apostólico.
Ingresó al Seminario Conciliar el 7 de febrero de 1859. Después de recibir las órdenes menores en 1863, el 12 de enero de 1865 viajó a Roma para continuar sus estudios en la Universidad Gregoriana donde se doctoró en Teología en 1869. Fue ordenado presbítero el 11 de abril de 1868.

Ese año Espinosa regresó a Buenos Aires, siendo designado secretario general del arzobispado, al mismo tiempo que se desempeñaba como capellán de la parroquia. Por esos años hacía a caballo sus viajes a la Catedral y a caballo cruzaba las quintas para llevar los auxilios espirituales a los enfermos. Durante este tiempo su vida fue de una rigurosa austeridad. Habitaba un pequeño cuartito vecino a la capilla en el que nunca usó cama para dormir, porque se acostaba en el suelo sin colocar en el piso ningún colchón

Sus virtudes le granjearon el afecto del vecindario que era testigo de su abnegación. Esta simpatía se puso de manifiesto cuando se decidió a levantar sobre las ruinas de la antigua capilla, un templo digno de la devoción que el pueblo de Buenos Aires profesaba a Santa Lucía.

El padre Antonito fue el alma de esa empresa, no sólo animando a la comisión de damas que lo secundaban y que presidía Petrona Coronel de Lamarca, madre del prominente dirigente católico Emilio Lamarca, sino que él mismo se impuso el deber de ir de puerta en puerta para obtener los fondos necesarios.


Cuando terminó el templo de Santa Lucía, el arzobispo Aneiros lo convocó a trabajar en la Curia, lo cual no fue bien visto por una comisión de vecinos que dirigiéndose al prelado le pidieron que no se retirara del vecindario "al muy benemérito, virtuoso e inteligente director espiritual ...que es una garantía para la paz y armonía entre todos los de Barracas al Norte".

La Virgen de Lujan

El 11 de agosto de 1946 se realizaron varias ceremonias en la calle Montes de Oca, especialmente adornada, así como también los frentes de casas y comercios. En la escalinata de la Casa Cuna se levantó un altar donde fue bendecida una imagen de la Virgen de Lujan, réplica de la que se venera en el santuario de aquella ciudad, y que fue traída especialmente por el obispo de Mercedes, monseñor Anunciado Serafini.

Al llegar la imagen al templo, Serafini hizo entrega de la misma al párroco de Santa Lucía, Manuel Joaquin Samperio, quien la condujo hasta el altar, donde fue bendecida por el obispo de Mercedes y luego en un carro militar, transportada hasta la Plaza Colombia, donde se la colocó en otro altar. En ese momento se hizo una suelta de palomas mensajeras.

El 1 de junio de 1997, fiesta del Corpus Christi y comienzo de la Misión arquidiocesana en preparación al milenio, se realizó una ceremonia en la cual se trasladó la imagen de la Virgen de Lujan, a una vidriera a la izquierda del ingreso al templp, para que pudiera ser venerada por los fieles.

En la ocasión hablaron María Paulina Copertari y Juan Bautista Maesschalk, quienes estuvieron presentes en la jornada en que la Virgen de Lujan llegó a Santa Lucía 51 años atrás, y recordaron aquel momento a los fieles presentes.

Al celebrarse los 120 años de la fundación del edificio la imagen fue restaurada y su hornacina embellecida tal cual lo expresa una placa debajo de la imagen sobre la vereda del lugar.

© Miguel Cabrera

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