Basílica Santa Rosa de Lima

La iglesia Santa Rosa de Lima fue inaugurada el 12 de octubre de 1934 con la bendición del cardenal Eugenio Pacelli (luego sería el papa Pío XII), quien estaba en Buenos Aires participando del Congreso Eucarístico Internacional. Pero su construcción se inició en 1926. De todas maneras, la inquietud de los vecinos por tener un lugar para venerar a la Patrona de América, Filipinas e Indias Orientales (proclamación del Papa Clemente X, quien la canonizó en 1671), estaba presente desde antes. A tal punto que muchos ya se habían sumado a la campaña para juntar el dinero y comprar un terreno destinado a esa construcción. El metro cuadrado costaba 200 pesos y hasta se pagaba en cuotas. Hacia fines de 1913, la recaudación apenas superaba los 18.000 pesos. Entonces, fue clave el aporte de María Unzué de Alvear, quien donó el terreno de Belgrano y Pasco.
Mencionar los valiosos detalles arquitectónicos de la Basílica llevaría mucho espacio. Pero alcanza con destacar la cúpula que está apoyada en dieciocho columnas de mármol cipollino (se lo llama así porque sus vetas verdes cruzan sobre el blanco y asemejan las capas de una cebolla) que se complementa con los zócalos y frisos realizados en mármol verde de tinos. Ambos son de origen griego. El piso es de mármol Napoleón (originario de la isla de Paros), así denominado porque se usó en la construcción de la tumba de aquel emperador francés. Las estatuas y los altares son de mármol italiano de Carrara, igual que el púlpito cuadrado, que tiene tallados arabescos y la imagen de ocho santos católicos. El templo recibe luz natural que llega a través de artísticas ventanas y la linterna que corona la cúpula.




En su fachada, podemos observar un rosetón en forma de cruz, por debajo una imagen de Santa Rosa con el Niño en un templete.

La iglesia se levanta sobre una enorme cripta que ocupa todo el territorio del terreno y que hace las veces de cimiento, donde sobresale su exterior revestido de ladrillos rojos, granito y piedra y techos de teja italiana.

Por encima de sus tres puertas de acceso se exhiben cúpulas revestidas de cobre y mosaicos ornamentales: sobre la entrada principal el escudo papal y en las laterales los escudos de Argentina y Perú, país de origen de Santa Rosa. Una de estas cúpulas se destaca por su imponencia, culminando con un mirador. El altar principal de la cripta fue realizado en Italia y está coronado por una réplica de La Piedad de Miguel Ángel. El altar lateral está consagrado a Santa Teresita de Jesús.

Mientras se terminaban las obras, las celebraciones tenían lugar en la cripta, la cual tiene acceso propio por Av. Belgrano, y en ella descansan los restos de Pbro. Rodolfo Carboni, párroco desde 1937 hasta 1960, y fundador de la congregación de Hnas. Auxiliares Parroquiales de Santa María y los restos de quién donó el lugar doña María Unzué de Alvear junto a la de su esposo e hijo.

En su interior, observamos detalles de suntuosidad ya que cada pieza de su arquitectura es un tesoro. El edificio consta de una gran nave central cuya cúpula de importantes dimensiones, está sostenida por 18 columnas de mármol Cipollino griego de tonalidad verde oliva, haciendo juego con los zócalos y frisos revestidos en mármol Tynos; y dos naves laterales con altares. La cúpula central destinada a recibir un fresco en su bóveda, originalmente fue de revestimiento de piedra y termina en una linterna en forma de torre que provee de luz al templo. También las pilastras y columnas de sostén de las galerías y el coro fueron realizadas en Cipollino.

Sobre la nave derecha, se lucen las imágenes de San José, Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa y San Antonio de Padua. Sobre la nave izquierda, el Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora del Carmen y San Roque.

El ábside está decorado con mosaicos venecianos que alberga un altar mayor de mármol italiano de Carrara con fondo de oro. En él se ubica una imagen de Santa Rosa de Lima con el niño, sobre el sagrario, flanqueada por cuatro pequeños iconos de estilo bizantino, bajo un baldaquino de mármol.

En el presbiterio también hay mármoles de diversos colores en zócalos y frisos.

La santa que da nombre a la basílica tiene su rincón particular con una estatua que la recuerda, un relicario y un cuaderno donde se le pueden escribir peticiones a la patrona del Perú.

También de carrara son las magníficas pilas de agua bendita y el púlpito italiano de Pietrasanta desde donde el sacerdote celebra la misa, de forma cuadrada e imágenes talladas con incrustaciones de oro de Santo Tomás de Aquino, San Ambrosio, San Juan Crisóstomo, San Agustín, San Jerónimo y San Gregorio. Es de destacar también, su maciza araña, con forma de cruz.

Los dos grandes altares laterales se destinaron al Sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen de la Medalla Milagrosa y fueron decorados con mosaico de colores.

El piso fue revestido en mármol Napoleón, con franjas de verde Alpes.

Desde la calle Pasco y Venezuela se accede a las dependencias de la iglesia. También sobre la calle Pasco se proyectó la construcción de un gran campanario con 26 campanas de carrillón.

En 1978 se celebró con gran solemnidad el cincuentenario de la erección de la parroquia. En esa ocasión, con el esfuerzo de la feligresía, se adquirió una casa en la calle Méjico 2745 donde, a partir del 31 de mayo de 1980, comenzó a funcionar el “Centro Comunitario Padre Carboni”, lugar donde se celebraba la misa dominical, se impartía la catequesis y se atendía a los necesitados. El 13 de noviembre de 1983 el Card. Aramburu erigió en ese lugar la parroquia María Madre del Redentor.
Santa Rosa de Lima se llamaba Isabel Flores y Olivia. Había nacido en esa ciudad, que entonces era capital del virreinato del Perú, el 30 de abril de 1586. Integró una familia que tuvo otros doce hijos y desde chica mostró una inclinación por lo místico. A los 20 años tomó los hábitos de la orden de los dominicos y consagró su vida a los enfermos y los niños. Se cree que en esa decisión influyó el tiempo en que vivió en Quives, un pueblo andino y minero donde su padre trabajaba como administrador. Admiradora de la obra de Santa Catalina de Siena, tomó el nombre de Rosa al considerarse una rosa en el jardín de Cristo. El Congreso de Tucumán, realizado en 1816 la nombró Patrona Jurada de la Independencia Argentina. El día de su celebración se realiza cada 30 de agosto. Y su figura está vinculada también con una leyenda surgida en 1615. Cuentan que un grupo de piratas holandeses iba a desembarcar en en el puerto de El Callao, Lima, y Rosa encabezó una rogativa que luego desató una gran tormenta y los piratas no pudieron atacar a la ciudad. Para muchos devotos allí está el origen de la Tormenta de Santa Rosa, que suele darse en el Hemisferio Austral días antes o después de las fiestas de la santa.

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