Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes

Corría el mes de febrero del año 1910 cuando el vecino de Lobería (provincia de 
Buenos Aires), don Adelki H. Angelaccio, y el Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Mariano Antonio Espinosa, comparecieron ante escribano público. El primero, en representación de su padre don César Angelaccio, vendía, por poder exhibido, según condiciones expuestas en la nota que portaba, una fracción de la Manzana M que hace esquina entre Echeverría (en aquellos tiempos, Rivadavia) y Migueletes (antes, Cuarta). Es en esta extensión donde se levantaría nuestro actual templo parroquial, de la mano de los Padres de la Congregación de 
los Asuncionistas, fundada en 1850, por el Padre Manuel D’Alzon en la Francia que por aquellos tiempos vivía la etapa previa a la guerra franco-prusiana. 
En el año 1869, en la ciudad de Lille (Alsacia), nació el niño Luis Heitmann, quien en 1888 hizo sus votos perpetuos en la ciudad de Poitiers. Ya siendo el Padre Román Heitmann, según el nombre que adoptó para siempre, partió en 1900 en compañía del Padre José Maubon con destino a Chile para pasar, luego de algunos años, a Buenos Aires con el objeto de fundar la Asunción en la Argentina. En 1913 llegó a lo que se llamaba el “bajo de Belgrano”, con la misión de evangelizar un conglomerado compuesto por una población de diversos orígenes, sin instrucción y con poca fe, proveniente de distintas partes del planeta. 
La construcción de la actual iglesia fue posible por una donación de la Sra. Mercedes Castellanos de Anchorena y, en 1914, mientras la primera guerra mundial convulsionaba Europa, se inauguró el flamante templo. El Padre Román tomó la posesión y el Padre Josión celebró la primera misa. 
Era tan pobre la población y tan desvalido el barrio –un rancherío improvisado en los terrenos ganados al río por la quema de la basura (según Sor A. M. C. Pérez Amuchástegui)– que un sacerdote se animó a preguntar al Arzobispo “¿Qué crimen había cometido el Padre Román para que le den esa Parroquia?”. Este comentario da una idea de la situación inicial de carencia y desprotección con que tuvo que vérsela el fundador. Un año después, en 1915, un grupo de religiosas, hijas de la Congregación de Santa Ana, asentaron un colegio gratuito para 
niñas cerca de este rancherío. 
Hoy en día la iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes es cabeza de la Parroquia y, en su sede, apreciamos un ábside despojado, sin la decoración propia del románico. La Mesa del Altar está decorada con una talla de madera de Nuestro Señor Jesucristo bendiciendo, con –a cada lado– lápidas marmóreas labradas con las Tablas de la Ley de Moisés. La talla de madera integraba el primitivo púlpito, de procedencia europea, junto con la talla de un águila que representaba a San Juan Evangelista y otra, con la cabeza de un toro, símbolo de San Lucas. Se desconoce el paradero de estas dos últimas. 
La iglesia está diseñada en esquema de peregrinación con altas columnas de granito rosado italiano de fuste liso y capitel de volutas en ángulo algo cercano al orden jónico, ornamentado semejante al de la Basílica del Santísimo Sacramento. En los arcos impares, se instalaron arañas de bronce con tulipas de cristal, sostenidas por cadenas. Las ventanas del deresterio tienen vitrales ‘glisaires’ con fino dibujo y flanqueados por dos delgadas columnas. 
Las naves laterales siguen el ritmo de la arquería. No tienen altares hoy día, pero se sabe a ciencia cierta que sí los hubo. En correspondencia con las columnas, hay pilastras adosadas al muro y, en los antepaños, claraboyas circulares con vitrales. Los confesionarios originales están en la nave izquierda de las tres existentes. El bellísimo Vía Crucis es de cerámica policromada de procedencia europea, hoy día ubicado en la nave lateral derecha. El todo se corona con un techo sin decoración pero con arbotantes sencillos. El coro, ubicado sobre el acceso principal, presenta un balaustre entrelazado. 
Entrando, a la derecha, se encuentra una talla de San Antonio, obra de Leo 
Mahlknecht, que ha sido –lamentablemente– pintada y oculta, así, la pureza de la veta de la madera. Siguiendo por esta nave, en dirección al retablo principal, hay una talla de san Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, también obra del mismo escultor. La talla distingue, en sus tonos, la casulla de la estola para resaltar sus matices y diferenciarlos de la sotana. La idea del Padre Román de presentar en la iglesia una imagen del Cura de Ars, inusual en general en las iglesias de Buenos Aires, se debe a que este gran confesor predicó permanentemente la Palabra de Dios entre los pobres, obra que se manifestó en la fundación del Asilo de la Providencia, y a su vez, había sido consagrado patrono de los sacerdotes del clero secular. 
El retablo del altar mayor es un conjunto marmóreo de estilo románico italiano 
delicadamente bello sin ser recargado, cuyos labrados ribetes se encontraban adornados por un dorado a la hoja que todavía puede apreciarse. Su centro y culmen es la linterna donde se encuentra entronizada la hermosa imagen de Nuestra Señora. Debajo, en fina puerta de bronce, se aprecia el Sagrario. A la manera de la técnica de mosaico veneciano, pero en perfecta y hermosa imitación, se encuentran dos motivos por arriba y a los costados de la 
puerta de Sagrario: mirando de frente a la derecha, la crucifixión de Nuestro Señor, flanqueado por Nuestra Madre Dolorosa y San Juan. Puede verse una imagen femenina a los pies; tal vez, María Magdalena. En el lado izquierdo, se aprecia la presentación del Niño Jesús en el templo, compuesta por la Sagrada Familia, el anciano Simeón y la profetisa Ana. Con la misma técnica, tapadas por los sillones sede, se aprecian dos ángeles: el de la derecha, con motivo eucarístico; el de la izquierda, con estandarte glorioso y triunfador. 
Ingresando por la izquierda del acceso principal, se observa un conjunto de imágenes de Calvario: el Crucificado, Nuestra Madre Doliente y San Juan Evangelista. La baranda es un segmento del hermoso y otrora comulgatorio del presbiterio del altar mayor, de hierro forjado y apliques de bronce. 
Inmediatamente, se abre la entrada al campanario que, de planta cuadrada, se inauguró en 1939, en ocasión de las Bodas de Plata de la Parroquia, y con la presencia y bendición del Cardenal Arzobispo Santiago L. Copello. Fue construido por el párroco Luis Follard, asuncionista, y pagado con donaciones de los feligreses recogidas puerta por puerta por el mismo Padre Follard. En el lugar donde se encuentra hoy el campanario tenía su sede el bautisterio de la iglesia, cuya pila bautismal podemos apreciar actualmente en el presbiterio del altar mayor. 
Al costado del frente y sobre la esquina de Migueletes y Echeverría, está el pequeño jardín en el que se alza la estatua del Padre Román con una leyenda que reza: 
“Al Padre Román Heitmann A.A. Fundador de esta Parroquia. Buen pastor de pequeños y grandes fue ‘todo de todos para darnos todos a Dios’ ”. 
El edifico del templo fue construido según los planos del Presbítero Ernesto 
Vespignani, oriundo de Lugo (Ravena), Italia. Este sacerdote, después de su 
perfeccionamiento en Turín, estudió y se graduó en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires. Su profesión lo llevó a realizar una labor muy amplia a lo largo y a lo ancho de gran parte de América, con obras y proyectos en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, etcétera, e innumerables capillas y obras menores que ostentan su personalidad de hombre de fe y de acción. 
La imagen de la Nuestra Señora de las Mercedes fue entronizada en el altar, sostiene al Niño Jesús en su mano izquierda y, en el brazo derecho, las cadenas y grilletes rotos de los cautivos en manos de los moros, como signo del pedido de la Virgen por la redención de estos mismos, bajo el yugo de árabes y sarracenos que asolaban en la antigüedad las costas del Mediterráneo. 
Así, en este marco, debemos remontarnos al siglo XIII, para recordar a Pedro Nolasco, posteriormente san Pedro Nolasco, comerciante poderoso de Barcelona, que, tomando conciencia de esta realidad, se dedicó a proteger a los cautivos invirtiendo todo su capital. En el Monasterio de Montserrat, Nuestra Señora le pidió que fundara una orden redentora de cautivos y esclavos. Corría el año 1218, cuando junto con san Raimundo de Peñafort y el rey Jaime I, el Conquistador de Cataluña, puso en su hábito el escudo de guerra real de Cataluña con el ruego de que la Virgen hiciera “la merced” –la misericordia– de ejercer su protección sobre esos desvalidos. Después de varias campañas de conquista, Jaime murió en Barcelona en 1249 y la Orden de la Merced quedó fundada con su carácter religioso-militar, asentada su espiritualidad en Jesús, el liberador de la humanidad, y en la Santísima Virgen, la Madre Liberadora e ideal de la persona libre. El culto a Nuestra Señora de la Merced o de las Mercedes se extendió muy pronto por Cataluña y por toda España; también por Francia y por Italia, a partir del siglo XIII. 
En Santo Domingo es una de las advocaciones de mayor devoción. Vale un 
comentario al respecto. En marzo de 1495, Cristóbal Colón, acompañado de un grupo de españoles, tuvo que enfrentar a un importante número de aborígenes encabezados por un cacique. Por tal motivo debieron levantar una trinchera y, junto a ella, colocaron una gran cruz de madera. El grupo de españoles obtuvo una increíble victoria frente a los indígenas, quienes se dispersaron por los montes. Luego de este suceso, Colón hizo construir un santuario a Nuestra Señora de las Mercedes en la misma cumbre del cerro donde había colocado la milagrosa cruz, cuya réplica, hoy, se encuentra, ingresando a nuestro templo, en la nave izquierda, en homenaje a los 500 años de la Evangelización americana. Fue entronizada en el año 1992. 
La Virgen de las Mercedes es Patrona de Tucumán y Generala del Ejército Argentino. 
El general Dr. Don Manuel Belgrano, el 24 de septiembre de 1812, le ofrendó su bastón de mando después de la victoria de la batalla de Tucumán, una de las más importantes victorias de las guerras de la Independencia argentina. Por esta razón, cada 24 de septiembre se celebra a la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de las Merced

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