Santa Casa de Ejercicios Espirituales San Ignacio de Loyola

Constituye un orgullo para el barrio ya que es uno de los pocos templos de arquitectura colonial que se conservan en la ciudad de Buenos Aires, cuyo origen se remonta a fines del siglo XVIII. El portón de entrada es una reliquia de la época colonial, construida en ladrillos de adobe, en su interior las palmeras del Paraguay adornan sus inmensos patios. Ha sido declarada Monumento Histórico Nacional.

La Santa Casa de Ejercicios Espirituales San Ignacio de Loyola fue creada con el objetivo de mantener viva en el país la obra de los Jesuitas y la práctica de los Ejercicios Espirituales creados por San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, luego que esta fuera expulsada del país.

Así es que en 1795, una mujer laica consagrada al servicio, asumió la difícil tarea de construir el actual edificio que alberga “La Santa Casa”. Su nombre era María Antonia de Paz y Figueroa, beatificada en 2016 como Mamá Antula. La terminación de la obra se realizó en 1810, sin embargo la casa fue habilitada antes, en 1799, año en que falleció su fundadora. A lo largo del siglo XIX se sumaron nuevas construcciones, que albergaron la Casa de Rehabilitación para Mujeres y Niñas, el Colegio para Niñas externas y pupilas y la Casa de Reclusas, construida en 1900.

En sus primeros años, la casa no sólo se utilizaba para la práctica de Ejercicios Espirituales sino que también funcionaba el beaterio donde residía su creadora y otras beatas más, quienes con el tiempo se convirtieron en monjas bajo el nombre de Sociedad Hijas del Divino Salvador, instituidas en el año 1878 y aún continúan al frente del lugar.

Personajes de la Historia


Por esta casa pasaron hombres de Mayo y próceres de nuestra historia entre quienes podemos mencionar: Liniers, Saavedra, Belgrano, Castelli, Moreno, Rivadavia y, más tarde, Rosas entre mucho más. Se sabe que en esa época la sociedad era muy creyente y casi todo ciudadano acudía a esta casa, algunos días al año para retirarse y meditar. Allí estuvo "depositada" Mariquita Sánchez, la del himno, castigada por su romance prohibido con el señor Thompson. También Camila O'Gorman iba a ser recluida allí –en castigo por su fuga con un sacerdote-, pero fue fusilada antes de su traslado.


Arquitectura

La Santa Casa es el único ejemplo de su tipología que aún subsiste, es un convento conformado por claustros, patios y capillas de fines del siglo XVII y principios del siglo XIX. La normativa otorga protección edilicia al inmueble con el fin de regular las posibles intervenciones en el edificio.

La casa ocupa casi toda una manzana y es considerado el edificio más colonial de la ciudad, no por su antigüedad sino por ser el menos modificado, ya que casi toda su estructura permanece intacta como lo era en sus orígenes.

Se trata de un edificio de planta colonial clásica, edificado sobre terrenos donados por varias familias en su interior se pueden ver cuadros con las imágenes de los bienechores, y diseñado por el arquitecto Juan Campos, el mismo alarife (experto constructor de la época) que trazó los planos del Convento de San Lorenzo, donde José de San Martín planeó su primer combate en suelo americano.

En la estructura de la casa, se repiten las características de las construcciones rurales de la España medieval, con muros muy amplios, con pocas ventanas al exterior y un atrio en la entrada que servía entre otras cosas para dar refugio a la gente que quería pasar la noche bajo techo.

El conjunto, cuyo ámbito más destacado es el claustro “de la Cruz”, está integrado por tres claustros y seis patios, con celdas para las religiosas y para los ejercitantes, dos capillas públicas -del Nazareno, donde se venera una imagen colonial de origen cuzqueño de Jesús Nazareno, que era llevada antiguamente el Jueves Santo para ser venerado bajo los arcos del Cabildo hasta el atardecer del Viernes, y la del “Divino Salvador”, vinculada con los claustros de los ejercitantes- y una privada.

El beaterio son las habitaciones destinadas a las beatas que atendían la casa y asistían a los ejercitantes en época de retiros. El mismo posee mobiliario y cuadros de distintas épocas del siglo XVIII, tiempo colonial en que la mayoría de edificios tenía estructura ecléctica y combinaban distintos estilos. Actualmente se continúan dando ejercicios como sucedió desde 1795 en forma ininterrumpida.

A través de sus ventanas se puede apreciar el ancho de sus muros de un metro de espesor. Esto es debido a que en las cercanías al Río de la Plata, las casas auténticamente coloniales se construían sin cimientos, y se mantenían en pie gracias al grosor de sus paredes. Las rejas son de hierro forjado simple, con bordes angulosos como todas las rejas coloniales.

La iluminación está dada por “arañas” de hierro forjado simple.

Las puertas, todas originales, son de madera de ñandubay. Como las casas medievales de España, tienen postigos y se confeccionaban a mano, artesanalmente en hierro forjado simple. Las paredes están decoradas con cuadros viejos pintados con óleo y muebles tallados a mano.


Mucho de lo que se puede observar en la casa, -vestidos, pelucas, adornos,- se traía desde España, pero como era muy difícil llegar a Buenos Aires, los artistas locales tenían que colaborar. Por eso también se pueden ver algunas imágenes que fueron realizadas por los indios en las misiones jesuitas.

La casa tiene muchas galerías cubiertas cuyas paredes están adornadas con diferentes pinturas. Una imagen muy llamativa es la llamada “El penitente arrepentido”, de estilo barroco que representa el momento de la confesión.

Los Patios


La casa actualmente cuenta con seis patios: el Patio de la Entrada, el Patio de la Cocina, el Patio del Beaterio, el Patio de las Ánimas, el Patio de la Menores y el Patio del Santísimo Sacramento. El primero de ellos, posee techos y columnas realizados con madera de ñandubay. Si bien fue remodelado el piso y los ladrillos coloniales se conservaron para delimitar los canteros. Los faroles son de la época del Virrey Vértiz, típicos faroles coloniales de tres caras.

El Patio de la Cocina cuenta con techos de tronco de palmeras. A la derecha de este se encuentra la cocina donde los proveedores depositaban la mercadería y donde las beatas cocinaban.

Posteriormente se haya el Patio de Ánimas cuyo nombre se debe al hecho de haber encontrado enterradas a dos religiosas en sus galerías. Sobre uno de sus muros se encuentra la Cruz liviana de los ejercitantes de 28 kilos, realizada en palmera y un antiguo banco que pertenecía al Cabildo.

Luego encontramos un amplio comedor que se caracteriza por contar con un púlpito en su interior ya que durante los ejercicios, era común leer el Evangelio durante la comida. También cuenta con un torno en la pared lateral que servía para pasar los alimentos de la cocina del beaterio. En la Santa Casa nunca se le negó la comida ni el albergue a nadie por ello cuenta con 95 celdas, con dos camas cada una que pueden albergar a casi 200 personas.


El Patio de la Cruz o del Santísimo Sacramento es el lugar donde se hacía la reflexión final de los ejercicios espirituales, por eso María Antonia colocó en el centro una cruz, símbolo de la Resurrección y la Vida. A pocos metros de esta, hay un aljibe muy antiguo con un brocal único en su estilo y un campanario construido en una sola pared, con tres campanas, a las que la tradición llama Fe, Esperanza y Caridad. Debajo de ellas, encontramos un reloj de sol.

Las Capillas y Beatarios


Encontramos la Capilla del Beaterio, compuesta por una sola nave rectangular. Aquí podemos ver el altar principal, que tiene un retablo, construcción de madera colocada sobre el muro, típicamente barroco. En el centro se encuentra una imagen de talla entera del Sagrado Corazón decorada con una técnica que se denomina “dorado a la hoja” (trabajo característico de los artesanos de las misiones). Detrás de su cabeza tiene una aureola de plata peruana. En un Altar lateral se encuentra la imagen de El Señor de la Aspiración construida sobre un esqueleto en forma de cruz que les da sostén al que se le agregaban los pies, la cabeza y las manos trabajados por un escultor. Es una imagen de vestir propia del barroco traída desde Perú y representa a Jesús camino al calvario. Al salir se puede observar un reloj de pared del siglo XVI, el más antiguo de la casa, que aún sigue funcionando.

El oratorio del Nazareno es una de las imágenes más impactantes de la Casa de Ejercicios. La misma tenía una puerta y rejas que daban a la calle, con la intención de que los vecinos que lo desearan pudieran rezar frente a ella. Tiene su rostro con ojos de vidrio, lágrimas transparentes y cabello natural. Fue donada por Rosendo Rico, en el año 1783. Lleva sobre sus hombros una cruz de madera del Paraguay decorada en plata. Actualmente está protegida con una caja de cristal que la preserva del deterioro del tiempo.

Ubicado en el Beaterio, está el salón de las Américas, un espacio de uso exclusivo de las beatas, al que utilizaban como salón de lectura, de costura, de manualidades.

El beatario también tenía un claustro en el cual se destaca un piano del siglo XIX adosado con candelabros ya que en esa época no había luz eléctrica. Sobre uno de los muros se encuentra una gran Cruz de 47 kilos que cargaban los ejercitantes ya que el padecimiento físico provocado y ofrecido era considerado meritorio.

La Capilla Grande es la que se utilizaba en los días de ejercicios. Es de trazado recto, rectangular, con una sola nave. En el Altar mayor, encontramos las imágenes barrocas de la crucifixión de Cristo, con la Virgen María y San Juan, y a los costados los dos santos patronos de la congregación. A la derecha, está la imagen de San Ignacio de Loyola, con el estandarte de la Compañía de Jesús. Del otro lado se encuentra una antigua imagen de San Cayetano, representado en el momento que tiene una visión en la que Dios le alcanza al Niño. El púlpito fue restaurado en 1942 por el arquitecto Nadal Mora, quien le agregó imágenes muy antiguas de la Pasión de Cristo, que encontró en la casa. La primera muestra los tres clavos, que son un símbolo de la pasión de Cristo.

La segunda es el Santo Sudario, con el cual la Verónica enjuga el rostro de Jesús, y la tercera es el martillo que usaron para clavarle los clavos a Cristo. En la parte superior de la construcción hay imágenes que representativas de los cuatro evangelistas. En los muros laterales de la capilla, podemos observar cuadros del Vía Crucis, que son estampas enviadas desde Francia.

Del lado de afuera del muro lateral, encontramos una escalera construida dentro de la pared. Esta escalera fue hecha por el arquitecto Nadal Mora para facilitar el acceso al coro.

Continuando por los pasillos de la casa nos encontramos con el claustro de la Casa de Ejercicios que contiene valiosas imágenes entre ellas “El Señor de la Humildad y la Paciencia” que representa a Jesús en el momento de ser castigado, en el camino del calvario.

Mamá Antula


Finalmente llegamos al lugar sagrado de la casa, La “Celda Nº 8” donde vivió y murió la beata Mamá Antula. Aquí todos los objetos hablan de ella. Un cuadro con su imagen, que fue pintado mientras ella aún vivía, obra de José Salas. Sobre la pared lateral se encuentra el leño de ñandubay que se encontró el 25 de Mayo de 1867, en el camposanto de la Iglesia de la Piedad. Al lado una la cruz alta que la beata usaba a modo de báculo. El piso de la celda se mantiene como era originalmente. También se encuentra una imagen de San Ignacio de Loyola y hacia la izquierda la lápida de la tumba que construyeron cuando la sacaron de ese lugar anónimo donde estuvo enterrada en el camposanto para trasladarla al interior de la iglesia. Posteriormente, cuando construyeron el mausoleo, sus restos fueron nuevamente trasladado y la lápida se trajo hasta aquí. Por último, un altar de estilo morisco con incrustaciones de nácar en la regalo de los Virreyes del Perú en agradecimiento por una petición concedida.

Como podemos destacar esta casa guarda verdaderos tesoros de la imaginería colonial por lo cual la visita a la Casa de Ejercicios se transforma en un reencuentro con nuestra esencia. Es volver a transitar por los caminos que fueron nuestros. Es encontrar en sus paredes impregnadas de historia, los sentimientos más relevantes de nuestra identidad, hermoso testimonio de un pasado fuerte de fe.

En la antigua Casa de Reclusas hoy funciona la Academia de Bellas Artes Beato Angélico.

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